DIÁLOGOS EN LA CATEDRAL

Desde que llegué a Menorca he estado pensando cómo podría hacer que los menorquines sintieran que la Iglesia está con ellos, que les escucha y desea servirles. Frente a tantas puertas cerradas por la violencia, el miedo, el odio o la venganza, nuestra iglesia tiene que ser casa de puertas abiertas, que deja entrar a todos; iglesia que acoge y conforta, que renueva y sana. Se me ocurrió entonces la idea de poner en marcha unos “Diálogos en la Catedral”, abiertos a todas las personas y especialmente a quienes no son creyentes.

Hacerlo en la Catedral tiene un valor simbólico, porque la Catedral es el principal templo de la Diócesis y es la sede del Obispo. Deseo, pues, abrir la Catedral, pero no para realizar una bella liturgia ni para orar -como hacemos habitualmente- sino para dialogar. Durante mucho tiempo, las Catedrales –especialmente sus claustros- fueron instituciones que fomentaron la enseñanza y el diálogo. De ellas nacieron las primeras universidades medievales. Vale la pena volver a abrir sus puertas al diálogo, que es un medio extraordinario para alcanzar la verdad.

Un buen diálogo siempre comienza con una pregunta, planteando alguna cuestión. Con el fin de que cualquiera pueda hacerlo, se ha habilitado un e-mail, donde se pueden dirigir las preguntas. De entre ellas, escogeré en cada ocasión una o dos cuestiones para centrar en ellas el diálogo. Para comenzar cada sesión expondré mi visión sobre el tema; después dejaremos un tiempo para hablar.

Como veis, “Diálogos en la Catedral” es una iniciativa sencilla y modesta. A mí me permitirá dar a conocer la visión que tiene la fe cristiana acerca de los temas que se planteen. Para los que participéis, creo que será una oportunidad para conocer un poco mejor a la Iglesia y para intercambiar puntos de vista. El viernes día 20 de octubre será el primer diálogo. Las puertas están abiertas a quienes deseéis asistir. Y quienes queráis plantear algún tema, lo podéis hacer en el e-mail comunic.bisbat@gmail.com.

Para mí, más importante que esta iniciativa concreta es la actitud de apertura que deseo transmitir. El cristiano no es un hombre de las catacumbas sino de la plaza pública; no es persona que se encuentre a gusto cerrándose en sí misma, sino que necesita abrirse a todos, para compartir la propuesta de vida que guarda.

Hay muchas cosas de las que hablar. Son muchos los temas que nos preocupan a todos, tanto a creyentes como a no creyentes. Hablemos sin miedo. Como dijo el poeta, “hablemos de aquello a que aspiramos: / por lo que enloquecemos lentamente” (Miguel Hernández).

+ Francesc, bisbe de Menorca