Raons d’esperança de Juan L. Hernández

Adivine de qué político hablo

 

Sólo tiene que asentir. O disentir. A cada interrogante, responder con un “sí” o con un “no”. Son diez preguntas. Sencillas. Facilísimas, si uno tiene en cuenta la que está cayendo…

1.- ¿Le agradaría poder contar con un político que se acercara a las bases, a los más débiles, a los desamparados, a las clases sociales marginadas y que, por añadidura, lo hiciera por      

       convicción, que no por interés?

2.- ¿Le agradaría poder contar con un político no agresivo?

3.- ¿Le agradaría poder contar con un político que se enfrentara a los poderes fácticos, a la riqueza, al poder?

4.- ¿Le agradaría poder contar con un político que renunciara al insulto y optara por la argumentación?

5.- ¿Le agradaría poder contar con un político que propugnara un reparto equitativo de la riqueza?

6.- ¿Le agradaría poder contar con un político poco amante de frecuentar los ámbitos en los que chapotean los poderosos?

7.- ¿Le agradaría poder contar con un político sencillo, que anduviera por esos mundos de Dios sin ningún tipo de privilegios?

8.- ¿Le agradaría poder contar con un político capaz de entenderse con sus adversarios ideológicos?

9.- ¿Le agradaría poder contar con un político honrado, sensible, cercano a enfermos, prostitutas, minusválidos, drogadictos, vagabundos, alcohólicos, drogadictos, apestados?

10.- ¿Le agradaría poder contar con un político capaz de dar su vida por sus convicciones?

Podríamos seguir…

Sé que es usted un biennacido y que, probablemente, cuando corrija esa especie de prueba/examen, obtenga un 10.

Es un sueño… Una utopía… Sé –y usted sabe- que no sucederá… Pero sucedió. Existió. Hace unos dos mil años. Probablemente sepa de quién le hablo. Y, como buen político, tuvo fieles seguidores en sus inicios. No tan coherentes en años venideros. Inconstantes o poco creíbles, hoy, en multitud de casos. Aunque un millón doscientas mil personas viven, diariamente, en dignidad, en nuestro país, gracias a la semilla que él sembró…

En la actualidad -recurramos al tópico- volvería a ser crucificado… A ambos lados de su martirio hallaríamos detractores… Encontraríamos a una derecha a la que resulta molesto (la riqueza no va con él) y a una izquierda a la que, hace dos milenios, ya le hurtó su programa. Muchos de sus líderes- altavoces no estarían, ni mucho menos, por la labor de dar su vida por aquellos a los que dicen defender…

Por eso habrá, tal vez, que  reflexionar y enterrar, de una puñetera vez, ese odio irracional y ancestral contra él y contra sus seguidores. Porque a éstos les repugna tanto la imagen de un dictador/asesino  entrando en una iglesia bajo palio, como la de quienes creen que todo el monte es orégano…

Esa Iglesia franquista desapareció –afortunadamente-. Los creyentes que van a misa ya no son objeto de alabanzas, pero sí de burla o exclusión. Y la mayoría de ellos tienen más caridad –y eficacia- que muchos políticos de galería. Y esa Iglesia demoníaca que, desde otras trincheras, se intenta dibujar tampoco es real, sino el mero fruto de un odio soterrado, visceral, heredado, pero no cuestionado intelectualmente…

Para mí, creyente, ese líder es mucho más que un simple líder. Pero a quien prefiera quedarse en los lindes de la fe, podría resultarle útil, cuando menos, su testimonio y su legado. A derecha e izquierda –repito-. Para que la primera entendiera que no se puede servir simultáneamente  a dos amos y para que la segunda tomara ejemplo de su inmensa misericordia y ausencia de rencor… Pues eso…

 

Juan Luís Hernández

Publicat al Diari Menorca dia 02/ 07 / 2017