Escrits al full dominical – Estiu 2017

XI – La vocación de San Mateo

En la parroquia de San Martín de la «muy hospitalaria villa» de Es Mercadal, desde hace pocos años puede verse una excelente copia de la pintura que representa la escena evangélica de la vocación de San Mateo, obra del famoso pintor italiano Caravaggio que existe en la iglesia de San Luis de los Franceses, situada en una pequeña plaza junto a la Via della Scrofa, cerca del famoso Panteón.

Es una de las pinturas que más impacto ha suscitado dentro de la amplia producción de este artista, el cual se negaba a presentar un esquema de lo que iba a representar, seguramente por dejarse llevar así más libremente de su espontánea inspiración. La obra se realizó entre 1599- 1600. La escena resulta muy sugestiva.

Se distingue por el naturalismo de las figuras humanas, prescindiendo de las normas tradicionales de la pintura religiosa; la vestimenta es la de la época del pintor, excepto las figuras de Cristo y san Pedro que llevan unas túnicas muy simples; el ambiente donde está reunido el grupo de los cobradores es de tipo tabernario. Sólo un rayo de luz se desliza por una ventanuco, pero de Cristo brota otra luminosidad de una categoría superior.

Jesús con el índice extendido apunta a Mateo, escena que se ha puesto en relación con el dedo de Dios en la creación de Adán del techo de la Sixtina pintado por Miguel Ángel. Pedro imita el gesto del Salvador, indicando así su condición de Vicario de Cristo y continuador de su obra El Papa Francisco siempre ha sentido una gran estima por ese cuadro de Caravaggio del que afirma que siempre lo iba a ver cuando viajaba a Roma antes de ser elegido Papa y añade: «Ese dedo de Jesús apuntando así… a Mateo. Así estoy yo. Así me siento. Como Mateo». Un 21 de septiembre, fiesta de San Mateo, había él sentido su llamada al sacerdocio.

 

 

X – Icono de la Madre de Dios

En la capilla del Santísimo Sacramento de la parroquia de Sant Climent se venera una pintura de María en la que Jesús aparece sentado sobre el regazo de su madre. Se trata de una representación que obedece a las normas tradicionales de la iconografía oriental, y aunque se manifiesta el aspecto hierático propio de los países del Este, las formas se adaptan un tanto a la tradición occidental. Esta combinación se hace notar también en el arte de Biélorusia, por su cercanía con Polonia y el mundo occidental.

Este icono existente en el mencionado pueblo de Menorca fue realizado por los pintores rusos Lilia Smoliakova y Alejandro Paskarov, y en él se pone de manifiesto la herencia cristiana de su tierra de origen y el sentimiento de la milenaria devoción que el pueblo ruso ha mantenido a pesar de las dificultades y persecuciones que ha padecido, La Virgen María y Jesús niño en este icono reflejan, aunque con cierta libertad, los modelos tradicionales denominados Odigitria o del Signo, o sea: La que muestra el camino, que es Cristo, y que Ella le lleva en su seno o sobre sus rodillas.

Este detalle de estar el Hijo en el centro de la representación y no sobre el brazo de la madre no es muy frecuente en Oriente, pero existen ejemplares de ello, como es el de La Virgen sentada en un trono del Monasterio de San Juan el Teólogo en la isla de Patmos, y el de la Madre de Dios del Signo del Museo estatal de historia de Moscú. El gesto de la mano derecha de Jesús es el propio de Cristo maestro y el rollo blanco que lleva en sus manos indica también la divina revelación de su enseñanza. 

IX – La muerte de San Francisco de Asís

En la iglesia del antiguo Convento de Jesús, hoy parroquia de San Francisco de Mahón, al lado derecho del presbiterio figura una artística representación en grisalla del «Tránsito de San Francisco», o sea su muerte y la entrada de su alma en el Paraíso. El autor desconocido de la obra se inspiró fielmente en el libro sobre la vida del santo escrito por san Buenaventura.

La escena central es la del momento de la muerte, pero al fondo se descubre a menor tamaño un hecho que el biógrafo relata así: «Pidió Francisco [que se hallaba en el monte Alvernia] que le condujesen a Santa María de los Ángeles o de la Porciúncula.

Postrado en la tierra y habiéndose despojado de su tosco hábito, elevó según su costumbre su rostro hacia el cielo y dijo: “Por mi parte hice lo que yo debía; ahora, que Cristo os enseñe lo que debéis hacer”. Lloraban inconsolables los compañeros. Y uno de ellos conociendo corrió a buscar el hábito el cordón y demás ropa, y se la entregó a Francisco, ordenándole que la recibiese como de limosna sin desprenderse de ello, con lo cual el santo quedó muy consolado»

La escena principal presenta la muerte del santo de Asís marcada por la serenidad y el consuelo divino diciendo a sus hermanos:
«Yo me vuelvo a mi Dios y os dejo muy de veras encomendados a su gracia», rezando después el salmo que dice: Alcé mi voz para clamar al Señor.

Sobre el grupo de los frailes que rodean al santo se hallan representados unos ángeles entre nubes y unos rayos de luz celestial que contienen una luminosa estrella. San Buenaventura nos da la correspondiente explicación: «Un compañero suyo vio que aquella alma bienaventurada, bajo la forma de una estrella refulgente y rodeada de una blanca nube atravesaba las esferas celestes hasta llegar derechamente a la gloria».

VIII – San Isidro labrador

En el monasterio de las monjas de la Inmaculada Concepción, que fue fundado en Mahón en 1623, se conserva una hermosa tabla con artística pintura de san Isidro arrodillado en medio del campo y rezando piadosamente. Frente a él a cierta distancia se ve una pequeña iglesia con la puerta abierta. En el suelo aparece una rústica cruz formada al parecer por dos maderos del campo, mientras que a espalda del santo aparece un ángel labrando  con un arado que arrastran dos bueyes.

Esta escena alude a un relato sobre la vida del santo en que se dice que habiendo sido acusado el humilde labrador de abandonar su trabajo para dedicarse a la oración, quienes le estaban censurando fueron testigos de esa manifestación del celo en defensa de  ese campesino mozárabe que labraba en las cercanías de la villa de Madrid.

La escena representada obedece a que, según la tradición conservada en este monasterio cuando se lo estaba construyendo se iba excavando un pozo, pero no se conseguía dar con una
corriente subterránea del líquido elemento, entonces las monjas acudieron a la intercesión de San Isidro, recién canonizado, y de pronto se halló la ansiada vena de agua de la que se ha servido la comunidad hasta tiempos recientes.

En unos gozos que se han ido cantando en la fiesta del santo se le implora con estos versos:

Puix que sempre sou estat
de pagesos gran honor
domau·nos aigua de gracia
Sant Isidro llaurador.

 

VII – San Miguel arcángel

En la iglesia Catedral de Menorca se conserva una expresiva pintura de Juan Mas representando a San Miguel en actitud de lucha contra Satanás y como protector de una iglesia ubicada en el interior de una gruta que se abre en la falda de un monte.

No cabe duda de que se refiere a la tradición de un famoso santuario, desde el siglo VI dedicado a san Miguel en el monte Gárgano de la Apulia al sur de Italia A ello hace referencia san Carlos Borromeo en un sermón explicando que junto a una gruta apareció un toro misterioso que no pudo ser capturado y que el obispo del lugar comunicó que el Arcángel en una visión le había manifestado que «aquel lugar estaba puesto bajo la vigilancia angélica y que se consagrara al culto de Dios en memoria de mismo san Miguel y de todos los ángeles». En recuerdo de ello estaba establecida para el 8 de mayo la fiesta de la Aparición de San Miguel, que figuraba en el Misal Romano.

Este culto a san Miguel en el monte Gárgano se vinculó con el tradicional relato de que un toro había intervenido en el hallazgo le la imagen de la Virgen en Montetoro, de manera que ya a principios del siglo XV estaba dedicada una capilla a San Miguel dentro del santuario menorquín con un sacerdote beneficiado que cuidaba de su culto y de que se celebrara cada año una solemne fiesta en honor del santo arcángel. Todo ello parece reflejarse en la sugerente obra pictórica de Juan Mas, que se hallaba establecido en Menorca a principios del siglo XVII.

VI – La Sagrada Familia

En la parroquia de San Antonio Abad de Mahón puede contemplarse una antigua pintura al óleo que representa una imaginativa escena sobre la infancia de Jesús. Se trata de la Virgen María teniendo sobre su regazo la figura del Salvador en su niñez. Junto a la madre se ve a su esposo san José, en una discreta actitud reverencial; al otro lado, o sea a la derecha del espectador y en confiada relación con Jesús destaca el todavía niño san Juan el futuro precursor del Mesías.

Esta obra pictórica, que por sus características parece que puede remostarse al siglo XVII, ofrece una temática bastante común de ese tiempo, pero la combinación de las personas representadas resulta un tanto novedosa. Son, en efecto, numerosas la representaciones de La Virgen con el Niño Jesús y el pequeño Juan, como es el caso del famoso cuadro de Rafael conocido como «la Virgen de la silla» (1513 – 1514), También es muy famosa la obra llamada «los niños de la concha» por razón de la que tiene en su mano el fututo Batista, cuyo autor es Murillo (1670). La presencia de sata Ana en tales escenas es también frecuente, mientas que lo es mucho menos la de san José, aunque tiene unos notables precedente en el cuadro llamado «la Virgen de la rosa» de Rafael (1517) y en una pintura de Andrea Schiavone datada en 1552.

Tiene profundo sentido la presencia de dan José, teniendo en cuenta que en los evangelios es rotunda la afirmación de la virginidad de María. Ella por razón de su verdadero matrimonio con José no dudó en dirigirse a Jesús al encontrarle en el templo diciéndole: Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados (Lc 2,48).

V – La preciosa sangre de Cristo

En el salón principal de la residencia del Obispo de Menorca se conserva un cuadro de notable antigüedad y muy expresivo de los frutos de la muerte redentora de Cristo. Lo hizo restaurar y lo legó al obispado el muy celoso e ilustrado obispo de Menorca Bartolomé Pasqual (1939-1967). Este prelado me refirió el origen de esta pintura. Probablemente a raíz de los desórdenes públicos ocurridos con motivo de la supresión de todos los conventos de España, la había recogido en la calle, donde estaba abandonada, su padre D. Luis Pascual Vidal. Seguramente procedía de la antigua iglesia del Santo Espíritu, que era conocida como de San Felipe Neri.

Este templo, aunque renovado en estilo renacentista, antiguamente era de arquitectura gótica y databa de finales del siglo XIII.

La obra pictórica tiene las características que permiten datarla probablemente como del siglo XIV, y representa a Cristo crucificado y a sus pies un gran receptáculo de la preciosa sangre del Salvador que es remedio y fuente de salvación para las personas que allí figuran y que ayudadas por el ministerio angélico son liberadas del mal.

El obispo Pasqual hizo restaurar este cuadro, adornándolo con significativas inscripciones bíblicas y teológicas. A la doctrina expresada en esta pintura se refería el mimo Prelado con estas palabras: «Cristo murió en la cruz y escribe san Pablo que Dios Padre quiso hace las paces con todas las cosas, así las de la tierra como las de los cielos y reconciliarlas a Sí mediante la sangre de la Cruz (Col 1,20). Y la iglesia canta en tiempo de Pasión: Terra, pontus, astra,  mundus /quo lavantur flumine: ¡Todo lo santifica la sangre de la Cruz de Cristo, llegando a todos como un río inmenso de purificación! ».

 

VI – Retablo de Santa Eulalia

En el Ateneo de Mahón se conserva una valiosa pintura concebida en forma de retablo diseñado a manera de una esmerada perspectiva arquitectónica neoclásica, acompañada de muchos ángeles.notable pintor menorquín Pascual Calbó Caldés (1752-1817), Este trabajo probablemente lo ejecutó en los últimos años del siglo XVIII, con destino al oratorio público de la finca rústica des’Aranjassa del término de Es Mercadal, donde debió permanecer hasta la desaparición de esta capilla.

El traslado del retablo al local del Ateneo sin duda resultó ventajoso para su conservación. vestidura es blanca con el contraste de un pequeño manto oscuro, Sostiene con su brazo izquierdo la llamada cruz de san Andrés, o sea, en forma de aspas, que fue el instrumento de su martirio y quiere ayudarle a sostener, a la vez que otro ser angelical lleva el emblema de la
palma martirial, y otro a su derecha sostiene un ramo con hermosos frutos.Las otras figuras de santos son san una pequeña cruz en la mano y pisando al negro dragón diabólico. Este retablo viene a ser un cántico al glorioso testimonio de fe de los mártires y a su eterna El passat 26 de maig, a la sala de plens de l’Ajuntament de Ferreries, es va presentar un llibret de butxaca, de la col·lecció Monografies Ferrerienques, que duu per títol:“Ca ses monges, al cor del nostre poble”. La raó de ser d’aquesttext, com diu en Nito Janer en el pròleg, respon a que “potser l’esdeveniment més importantdel segle XX per al poble de Ferreries… sigui l’arribada de les monges franciscanes Filles de la Misericòrdia”. També és cert que, com ha passat en tants altres pobles de l’illa, les monges van haver de tancar el convent perquè no disposaven de relleu generacional per a continuar. La notícia de la partida va ser trista però també va ser ocasió per obrir el cor agraït i celebrar els anys que vam gaudir de les monges, aquelles que van ensenyar les primeres lletres a tants de fillets i filletes, les que anaven a visitar els malalts i acompanyaven moribunds, les que feien obres de teatre i mostraven la doctrina, les que passaven el diumenge capvespre fent labors o escola nocturna per a qui no podia anar a l’escola de dia. En definitiva, el poble i la parròquia de Ferreries no van dir adéu a ses monges sinó que van decidir dir-los GRÀCIES pels anys que hem compartit. Aquest és el resum d’aquesta petita i senzilla obra que us presentam. Tant de bo aprenguem a ser sempre agraïts, fins i tot quan les circumstàncies de la vida no ens hi conviden! en la cual se sitúan a modo de estatuas
cinco pinturas de santos, y por encima de este conjunto pictórico aparece la escena de la Asunción de la Virgen al cielo, rodeada de una nube luminosa y El autor de esta obra es el más La figura de la virgen y mártir santa Eulalia de Barcelona preside el conjunto como titular que era de la capilla. Su que un pequeño ángel situado a sus p i e s Juan Bautista con su cayado que en lo alto tiene la forma de cruz a sus pies el místico Cordero de Dios que había anunciad. Al otro lado figura san Lorenzo con ornamentos de diácono y con un libro de rezos abierto en sus manos, junto a él un pequeño ángel tiene en sus manos una parrilla en recuerdo del martirio a fuego lento del santo. A los extremos se hallan san Gabriel arcángel con el lirio de la virginidad y santa Margarita, también mártir, con felicidad junto al Señor y la Virgen, Madre de Dios, reina también de los ángeles y de los mártires.

III – Cuadro votivo de Santa Rosalía

En el Museo Diocesano se conserva un lienzo de considerables dimensiones en el que figuran muchas escenas relativas a la vida de santa Rosalía y a su valiosa intercesión para librar a los pueblos afectados por la calamidad de las epidemias.

Esta santa, según la tradición, es del siglo XII y llevó vida contemplativa y eremítica en el monte Pellegrino situado junto a la ciudad de Palermo en Sicilia. Su culto se reducía a ese lugar, en el que después de la muerte de la santa continuaron el mismo género de vida algunos religiosos y ermitaños. En 1624 se produjo una gran peste en Palermo, la cual cesó al implorarse la protección de santa Rosalía, Desde entonces el culto a esa intercesora se difundió muy ampliamente.

En 1652 hubo en Ciutadella una gran epidemia del cólera morbo en la que sucumbieron más de seiscientas personas adultas. Habiéndose implorado la protección de la santa palermitana, cesó el contagio y como muestra de gratitud se edificó fuera de las murallas una capilla dedicada a santa Rosalía y se realizó la pintura a que nos referimos, en la cual figuran diversas representaciones de hechos de la vida de la santa y de los acontecimientos ocurridos en Palermo que se ponen en relación con lo acaecido en Ciutadella Domina en el cuadro una montaña sobre la cual se ve la imagen de la Virgen de Montetoro, pero que también puede aludir al monte Pellegrino, Aparece también una especie de procesión de ángeles, lo cual puede referirse al dato bíblico de la «escala de Jacob» (Gn 28,12), que en Palermo se asociaba con el vecino monte sobre el cual había descendido el favor del cielo, al florecer allí la vida eremítica y   al cesar la epidemia. Cerca de esta representación se ven sentados los jurados de la Universitat General de Menorca.

Otras escenas hacen referencia a la vocación de santa Rosalía que mientras se acicala su rubia cabellera, al mirarse en un espejo ve en él la figura de Jesús crucificado, a lo cual hace referencia en idioma siciliano un poeta llamado Pietro Fullone, con estos versos: Prodigiu stupendu mai nun vistu / chi si specchia se stissa e vidi a Christu

II – La Virgen del Carmen entrega el escapulario

La devoción a la Virgen María con ese título, que deriva del monte Carmelo en Palestina, se difundió en el siglo catorce especialmente en ciudades portuarias del Mediterráneo, llegando incluso a las costas de Inglaterra, desde antiguo arraigó en Menorca. Uno de los obispos que el siglo XIV ocupó la sede de las islas Baleares fue el carmelita Diego de Terrena. En Mahón hubo presencia de frailes carmelitas desde el siglo XVII. Por ciertos detalles de mutuas visitas  y ministerios se comprueba que estos frailes se relacionaban cordialmente con los agustinos de Ciutadella. En esta ciudad estuvo instituida una floreciente cofradía de la Virgen del Carmen y capillas bajo la misma advocación en el Socors y en la Catedral. En el siglo diecinueve se establecieron en Menorca diversas casas de la congregación de Carmelitas Misioneras, fundadas por el beato Francisco Palau. Quien ejerció el ministerio de la predicación en la isla.

De la cofradía de Carmen de Ciutadella proviene el hermoso cuadro que se venera en la Catedral. En él aparece la figura de la Virgen sentada sosteniendo al niño Jesús con su brazo izquierdo y con la mano derecha entregando al superior de la Orden san Simón Stock el escapulario que han de llevar sobre su hábito los religiosos y sobre sus vestiduras todos los devotos a quienes se les imponga. Sobre el azul del cielo unos ángeles contemplan con júbilo el acontecimiento, que simboliza la protección maternal de la Virgen que se goza en revestir a los fieles con ese signo de su protección.

San Alfonso María de Ligorio en su libro muy difundido Las glorias de María, escribe: «María Santísima se complace en que sus devotos lleven su escapulario en prenda de estar consagrados a su servicio y de que pertenecen a la familia de la divina Madre».

I – La Visitación de María a Isabel

En la Catedral de Menorca se conserva una pintura de esta escena evangélica, unida a otras representaciones sagradas. Este conjunto es notable por su antigüedad y categoría artística. En su conjunto se trata de dos grandes lienzos, obra de un pintor natural de Mallorca, Joan Mas, que trabajó en Ciutadella entre 1590 y 1607. Se ven dos santos de especial veneración en la isla, san Antonio y san Jorge, que ocupan el espacio superior de ambas telas. En la parte inferior se ven respectivamente la Visitación de María y la presentación del niño Jesús en el templo de Jerusalén.

Estas pinturas se destinaron a adornar las puertas de un órgano construido hacia 1602. Las pinturas probablemente solo estaban a la vista de los fieles cuando habiendo de sonar el órgano se abrían sus puertas. Era ésta una manifestación de la sacralidad de la audición, y los fieles podían contemplar con devoción las hermosas pinturas que aparecían en las puertas del órgano normalmente cerrado en beneficio de su conservación. Hacia 1642 estas pinturas se colocaron en la capilla de la Asunción.

En la pintura de la Visitación se ve el encuentro de la Virgen en actitud de saludar a su prima Isabel, la cual se arrodilla ante María, que ya ha concebido en su seno al Salvador. A izquierda del lienzo aparen san José y otras personas del pueblo. A la derecha Zacarías y algunos otros espectadores; más abajo un madre junto con su niño que apenas empieza a dar sus primeros pasos.

Un poeta de Siria en el siglo IV, Jacobo de Sarug, se refería al misterio de la Visitación diciendo: «María es el amanecer que lleva consigo al Sol de justicia, Isabel es el crepúsculo vespertino que alberga a la estrella luciente, Llegó la aurora y saludó a su compañera vespertina: el atardecer se conmovió profundamente al ver que le besaba la aurora».