Raons d’esperança de Carlos Salord

LA ALEGRIA DE ESPERAR

La espera de un acontecimiento importante y agradable que está a punto de cumplirse nos llena de una alegría llena de ilusión. Dicen que de ilusión se vive y en buena parte es verdad. Me acuerdo con qué ilusión se esperaba la llegada de un hijo después de un largo tiempo de ausencia. Qué alegría ilusionada con que aquel matrimonio joven espera el nacimiento inminente de su primer hijo.

Ya falta poco para la Navidad. Una de las fiestas más solemnes del año revestida de un cierto carácter íntimo y familiar, pero con innegables repercusiones sociales. Por todas partes se notan los preparativos, en el sí de las familias y en el ámbito de las profesiones. Las amas de casa hacen sus compras para las comidas Navidad, sin olvidar los regalos para pequeños y mayores. En el campo los payeses se afanan por terminar de sembrar la sementera y tener preparados pavos y capones. Los comerciantes, los grandes almacenes tienen sus anaqueles repletos de mercancías. Luces y adornos visten calles y establecimientos. Los centros culturales preparan conciertos y canciones.

El tercer domingo de Adviento pone precisamente la nota en la alegría ante el inminente nacimiento del Mesías, del Hijo de Dios hecho hombre que viene a salvarnos. Y aquí reside la razón última de nuestro gozo: el que va a nacer es nuestro Salvador. El que viene a enseñarnos cuál es el verdadero sentido de nuestras vidas. El que viene a decirnos que lo más importante es poner amor en todo nuestro actuar. Amar a Dios y a nuestros hermanos por encima de todo. El que no lo sabe está en la oscuridad más completa. Él nos trae la luz que ha de iluminar nuestro camino.

Ya en la cuna, en el pesebre, nos da la primera lección. Él que es el Creador y el Todopoderoso se hace hombre y nace pobre, en un establo, rodeado del cariño de sus padres, María y José. Es una lección de humildad. Se abaja para estar a nuestra altura, a la altura de corazones sencillos y bien dispuestos. Por eso en estos días de vigilia el que está más alegre es precisamente Él que tiene prisa por estar junto a nosotros. Hemos de rendirle nuestros corazones para que encuentre en ellos posada cálida, que compense la negativa egoísta de aquellos que no quisieron recibirle.

No temamos acercarnos a Él porque, como a sus discípulos -llenos de defectos- nos irá formando y llegará un momento en que nos preguntará: ¿Estáis dispuestos a beber el cáliz -este cáliz de la entrega completa al cumplimiento de la voluntad del Padre- que yo voy a beber? ¡Sí estamos dispuestos!, le diremos, como respondieron Santiago y Juan.

¿Estamos seriamente dispuestos a cumplir en todo la voluntad de Dios? ¿Hemos dado al Señor nuestro corazón entero o seguimos apegados a nosotros mismos, a nuestros intereses y comodidad? ¿Hay algo que no responde a nuestra condición de cristianos y que hace que no queramos purificarnos? Hoy se nos presenta la ocasión de rectificar. Es Cristo que nos hace estas preguntas, nos enseña el camino y nos pide que lo emprendamos, porque él lo ha hecho humano y asequible a nuestra flaqueza. Por eso se ha abajado tanto.

 Advocat

publicat al Diari Menorca 16-12-2018