Raons d’esperança de Carlos Salord

MARIA AUXILIADORA

La devoción a María Auxiliadora, que tiene un fuerte arraigo en Menorca, tuvo sus orígenes a partir de 1836, cuando el obispo Díaz Merino introdujo en la liturgia el oficio y misa de María Auxiliadora. En 1893 el sacerdote Federico Pareja promovió en Ciutadella el que sería el primer santuario público de España dedicado a María Auxiliadora. La devoción, al amparo de la obra salesiana y de su colegio (1899), fue creciendo y se extendió por toda la isla. El santuario, ampliado notablemente en 1941, fue el acervo de donde brotó y se propagó una gran devoción mariana, de tal manera que el obispo Pascual, interpretando el sentir popular, declaró y coronó canónicamente a María Auxiliadora como la patrona de Ciutadella. Toda la isla de Menorca está consagrada a la Virgen de Monte Toro y cada una de sus dos mayores ciudades, Mahón y Ciutadella mantienen ese patronazgo mariano, aquella bajo la invocación de la Virgen de Gracia y ésta de María Auxiliadora.

La devoción se propagó en el seno de muchas familias. La mía no fue una excepción. Como prueba quiero contar una anécdota. Corría el año de 1918 cuando, acabada la primera guerra mundial, se declaró la epidemia de la gripe, que se extendió por toda Europa y revistió especial gravedad en España y en Menorca, llegando a su punto álgido durante los meses de otoño de aquel año. Mi padre, como médico, estaba superocupado. Le llamaban de todos lados. A penas le quedaba tiempo para descansar. Se debía primero a sus enfermos a quienes prodigaba sus cuidados. A pesar de todo fallecieron muchos. En mi casa, de los cinco hijos que papá tenía en aquel momento, enfermaron cuatro y también mamá que estaba embarazada y le faltaba poco para dar a luz. Papá hizo todo lo que pudo, pero preocupado por si sus remedios no fueran suficientes, se encomendó a María Auxiliadora. Felizmente se curaron todos. Mamá alumbró a Luis, el número seis de la familia, el 10 de octubre, pero, debido a su enfermedad, no pudo criarlo. Tuvo que intervenir una nodriza.

Repuestos todos definitivamente papá, en el mes de febrero de 1919, publicó en la prensa la siguiente nota: “GRACIA DE MARIA AUXILIADORA – GRACIAS MADRE MÍA. Hallándose gravemente enfermos, mi esposa y cuatro hijos en la pasada epidemia gripal, acudí a Vos, María Auxiliadora, para que fueseis mi guía en todos los remedios que les aplicaba. Habiendo sanado todos y al acudir a vuestro templo para daros las más rendidas gracias, me es grato publicarlo para cumplir la promesa que hice al invocaros. Manuel Salord, Doctor en Medicina y Cirugía”. Esta nota se insertó también en una de las estampas que, en el mes de mayo, se repartían durante la devoción del mes de María, concretamente la del día 20, de la que guardo un ejemplar. Ahora se cumplirán exactamente cien años.

¿Por qué tanta devoción a la Virgen? Porque sin María no hay Jesús. Ella nos dio a su hijo, nuestro Salvador, que nos redimió y nos hizo hijos de Dios. Además, Jesucristo nos la dejó como madre. Es, pues, madre de Dios y madre nuestra. Una madre muy poderosa que vela siempre por nosotros, sus hijos. A mí me enseñaron que a Jesús se va y se “vuelve” por María. ¿Queremos ser fieles? Pues, “de la Virgen de la mano”. Es nuestro seguro auxilio.

 Advocat

publicat al Diari Menorca 24-02-2019