Raons d’esperança de Carlos Salord

 AMOR CON AMOR SE PAGA

Dentro de poco empezará la Cuaresma, período de preparación para la Pascua del Señor en la que se conmemora su pasión y muerte, para redimir al hombre de sus pecados, y su posterior glorificación con su resurrección. En realidad es la historia de la misericordia del Señor que empieza con las escenas de nuestros primeros padres, Adán y Eva, en el paraíso y su desobediencia a los mandatos divinos. Es el pecado original que afectó de tal manera su naturaleza que se trasmite a todos sus descendientes. La naturaleza humana quedó tan debilitada y expuesta a la comisión de pecados de todo tipo que ya desde aquel primer momento Dios ideó la manera de redimir, de liberar al hombre de esa esclavitud del pecado y la programó para cuando lo considerara oportuno, para ese momento histórico de liberación tan trascendental que se conocería como la llegada de “la plenitud de los tiempos”.

Con la creación del hombre Dios llevó a cabo su obra más perfecta. Lo configuró a su imagen y semejanza divina, con cuerpo y alma espiritual y lo puso en medio del paraíso para que lo trabajara, con pleno dominio sobre todo lo creado. El hombre es su obra predilecta. Si la creación es una obra de amor, la del hombre es la obra de amor por antonomasia. Por lo mismo el hombre no podía significarse sino amando, primero a Dios y después a todas las demás criaturas. Amar, que es lo propio de Dios también debe de ser lo propio del hombre. Fue concebido para amar por lo que la razón esencial de su vida es amar y ser amado. El pecado representa todo lo contrario, el desamor. Cuando un hombre está dominado por el pecado es esclavo del mismo. El pecado va contra su propia razón de ser. El hombre pecador pasa de la libertad del amor a la esclavitud.

Dios que ama al hombre no puede verlo esclavo, lo quiere libre. El amor de Dios se manifiesta siendo misericordioso y perdonador y por tal motivo, con estas premisas, idea toda la trama de la redención. El Hijo, la segunda persona de la Trinidad, toma carne humana de una mujer virgen, nace en Belén y se constituye en la plenitud de la revelación. Nos enseña con su vida y su palabra todo lo necesario para vivir la verdadera vida, dándole el sentido que debe tener. Instruye a multitudes que le escuchan y le siguen fervorosas. En cambio a otros cae mal, le odian y traman perderle. Hace discípulos a los cuales confía la continuación de su ministerio. Uno de ellos le traiciona y le vende. Apresado, juzgado inicua y sumarísimamente, condenado a muerte y torturado muere en la cruz mientras unos pocos le lloran y otros lo desprecian. Él, que es todopoderoso, que ha sanado a incurables y resucitado a muertos, deja hacer, como cordero que llevan al matadero, y ofrece su vida a Dios Padre para la salvación de los hombres. Consumado todo, al tercer día resucita glorioso.

Con el bautismo se nos aplican los méritos de la redención. Nacemos de nuevo y somos hechos hijos de Dios, participantes de su naturaleza divina, se nos perdonan los pecados, formamos parte de la Iglesia, el Espíritu Santo habita en nosotros y nos trasmite la gracia para ser fieles y ser otra vez hombres que aman, con la libertad de los buenos hijos de Dios. El agradecimiento nos empuja a corresponder, pues “amor con amor se paga”.

 Advocat

publicat al Diari Menorca 24-02-2019