Raons d’esperança de Carlos Salord

Utilizar la Iglesia

Hace un par de semanas una ministra del Gobierno español trató de utilizar la Iglesia para llevar agua a su molino. Afirmó que la Iglesia se había pronunciado de tal modo sobre un problema que venía a respaldar su decisión de actuar de una determinada manera para solucionarlo. Llegado este proceder a oídos del Vaticano, éste se sintió en la obligación de emitir un comunicado en virtud del cual desautorizaba las afirmaciones de la mencionada ministra, dejando las cosas bien claras. En realidad la Iglesia no se había pronunciado sobre el asunto en cuestión. Por tanto la ministra no podía decir que la Iglesia pensaba exactamente como ella. Lo que, en realidad, hacía la ministra era utilizar el prestigio de la Iglesia para respaldar su propio proceder.  Esto es instrumentalizar la Iglesia en beneficio propio.

De acuerdo con las palabras de un autor espiritual, “un hombre sabedor de que el mundo es el lugar de su encuentro con Cristo, ama a ese mundo, procura adquirir una buena preparación intelectual y profesional, va formando -con plena libertad- sus propios criterios sobre los problemas del medio en que se desenvuelve y toma en consecuencia sus propias decisiones que, por ser decisiones de un cristiano, proceden además de una reflexión personal, que intenta humildemente captar la voluntad de Dios en esos detalles pequeños y grandes de la vida”.

Este sería el proceder de un cristiano responsable. Pero, siguiendo al mismo autor, ese cristiano no puede pretender que representa o habla en nombre de la Iglesia o que sus soluciones son las soluciones católicas al problema de que se trate. Esto sería violentar la naturaleza de las cosas. El fiel cristiano que quiere actuar con verdadera mentalidad laical debe saber pechar con la propia responsabilidad personal. Él es el único responsable de sus actos. Debe respetar las opiniones de los demás que pueden proponer soluciones diferentes a un mismo problema y no ha de servirse de la Iglesia, mezclándola en banderías humanas y utilizándola en beneficio propio.

De acuerdo con esta mentalidad laical el que quiere vivir santamente la vida ordinaria debe  hacer uso de su libertad personal, propia de hombres y mujeres creados a imagen de Dios. Libertad y responsabilidad han de ser ingredientes esenciales en la vida del cristiano, que ha de ejercer sus derechos y cumplir con sus obligaciones como ciudadano -políticas, económicas, profesionales- asumiendo con valentía todas las consecuencias de sus actos y decisiones libres, cargando con la independencia personal que le corresponde. Con esta mentalidad laical ha de vivir en paz con todos sus conciudadanos y fomentar la convivencia en los diversos órdenes de la vida social, huyendo de la intolerancia y el fanatismo.

Este ha de ser el proceder de la gran muchedumbre de hombres y mujeres cristianos que participan con sus conciudadanos en la grave tarea de hacer más humana y más justa la sociedad temporal, en la noble lid de los afanes diarios, siempre con personal responsabilidad, experimentando con los demás hombres éxitos y fracasos, tratando de cumplir sus deberes y ejercitar sus derechos sociales y cívicos, fundidos en la masa de sus colegas, mientras procuran detectar los brillos divinos que reverberan en las realidades más vulgares.

 Advocat

publicat al Diari Menorca 11-11-2018